miércoles, 10 de febrero de 2021

Entrevista en "El Correo de España"



Agradezco a "El Correo de España" (y en concreto a Javier Navascués) la entrevista que me hizo hace unos días y que aquí reproduzco esperando que sea del interés de mis lectores.


Jorge Garrido nació en Barros (Los Corrales de Buelna, Santander) en 1974. Fue militar (1994-2006), es licenciado en Derecho y accedió por oposición a la Administración General del Estado, trabajo que compagina con el ejercicio de la abogacía. Preside desde 2008 el sindicato "Unión Nacional de Trabajadores" y el "Foro Social Manuel Mateo". También es Vicesecretario General de "Falange Española de las JONS" desde junio de 2005. Entre 1995 y 1996 presidió el "Sindicato Español Universitario". Colaborador de diversos medios de comunicación, ha sido subdirector de los programas de Radio Intercontinental “La Ballena Alegre” (2006-2008) y “La Piel de Toro” (2007-2008), siendo actualmente director del programa "Perspectiva Sindicalista" (desde 2016) y contertulio habitual de "En la boca del lobo" en "Radio Ya". Defensor del catolicismo tradicional desde los años 90 y de la figura del Arzobispo Marcel Lefebvre, es miembro de la Orden de Caballeros de Santa María. Ha escrito numerosos artículos y ensayos, y ha publicado dos libros: "Manifiesto Sindicalista" (Madrid, 2007, aunque escrito en 2001) y "España en el mundo. Propuestas para una nueva política exterior" (Madrid, 2017).

¿Cómo nace su vocación por la abogacía?

Mi vocación como abogado no fue nada precoz (mi verdadera vocación siempre fue la de militar), sino más bien una consecuencia de mi firme compromiso desde mi juventud con el principio de Justicia en general y con la Justicia Social en particular. No es tanto que pensara en ser abogado como en que hay que defender las causas justas, y claro, aunque ello puede hacerse con actividades diversas, la política y la jurídica eran las que más me interesaban. Por eso comencé mis estudios de Derecho en la Universidad de Cantabria, allá por 1992.

Y la compagina con un paso por el Ejército. ¿Por qué lo acaba dejando en 2006?

Así es. Decidí en 1994 aparcar temporalmente mis estudios de Derecho y entrar profesionalmente en las Fuerzas Armadas (FAS), donde estuve en activo hasta 2006. El proceso de transformación de las FAS en esa época me impactó mucho. La desaparición del Servicio Militar Obligatorio y la profesionalización total (una cosa es tener algunos militares de tropa profesionales y otra que lo sean todos y se elimine el Servicio Militar) supuso la progresiva destrucción de los valores militares, algo que, sinceramente, me desanimó como militar. Hoy las FAS (salvo honrosas excepciones) más parecen un cuerpo de funcionarios civiles vestidos de uniforme y dedicados en gran medida a hacer las labores de una ONG que un ejército de verdad. No se enseñan valores militares o patriotismo ni en los periodos de formación, y en general el patriotismo de los militares hoy en día es tan superficial e insustancial que carece de contenido. Obviamente esta generalización es injusta para muchos militares que sí son verdaderos patriotas, pero incluso ellos -si leen estas líneas- no podrán dejar de reconocer que son los menos. Hay diferencias en esto entre oficiales, suboficiales y tropa, pero la tónica general es esa.

Era algo tan triste y desalentador para mí que en 2006 decidí pedir una excedencia, tras aprobar una oposición para personal civil de la Administración General del Estado, a fin de buscar una forma mejor de servir a España: la política, el sindicalismo y la Justicia. Tras retomar y terminar mis estudios de Derecho, durante muchos años abandonados, me colegié como abogado para poder prestar mi ayuda al servicio jurídico del sindicato falangista UNT (Unión Nacional de Trabajadores). Comencé con esta labor en 2006 y en 2008 me eligieron Presidente del Sindicato. No me arrepiento de mi decisión: haciendo lo que hago es como mejor puedo servir a España. En las FAS no sentía estar aportando nada a España en una época tan difícil para la propia supervivencia de nuestra patria. Ojalá me equivoque y nunca tenga que suceder, pero si llega algún día un momento decisivo para el futuro de España, creo más probable una reacción del pueblo para salvarla que de los militares como colectivo (dejando a un lado posibles gestos individuales, por supuesto).

Destaca su militancia en Falange Española de las JONS ocupando diversos cargos en el partido... ¿Cómo nace su afinidad por la Falange y la figura de José Antonio?

En mi juventud mi pensamiento era de izquierda, si bien la famosa primera Huelga General del 14-D de 1988 me produjo un hondo impacto y me alejé progresivamente de la simpatía por el PSOE para acercarme más a Izquierda Unida (aunque era aún muy joven como para poder afiliarme). Mi familia es casi toda de izquierda (mi abuelo materno, con quien siempre tuve una especial afinidad, fue miliciano de la UGT durante la Guerra Civil, aunque también era el encargado de tocar las campañas de la iglesia del pueblo...), así que es normal que mis primeras inquietudes fueran esas.

Mi evolución se debió a varios factores: mi progresivo desencanto con la izquierda (a la que cada vez veía menos interesada por la Justicia Social y más volcada en causas contrarias a los intereses de España, inmorales, antirreligiosas, etc., y yo me sentía patriota y católico); mi abuelo materno, Pedro, que fue el primero que me habló -siempre muy elogiosamente- de José Antonio Primo de Rivera (él sostenía que si en lugar de haber gobernado Franco lo hubiera hecho José Antonio, habría logrado unir a todos los españoles mucho mejor y España se habría transformado completamente); el hecho de vivir en un pueblo montañés (Los Corrales de Buelna) donde FEJONS siempre sacaba buenos resultados electorales y tenía varios concejales (algunos vecinos y conocidos míos muy respetables y que no tenían nada que ver con el socorrido tópico del "fascista violento y chulo" que se vincula a los falangistas); y, finalmente, un libro de la biblioteca municipal, escrito por Antonio Izquierdo ("Yo, testigo de cargo"), que, aunque no trataba propiamente de José Antonio ni de la Falange, comenzaba cada capítulo con una cita suya, y eran todas tan acertadas y con las que me sentía tan identificado, que no pude evitar querer profundizar, leer más sobre el tema y, finalmente, acudir a un mitin de FEJONS que me encantó y comprar el libro recopilatorio de José Antonio "Textos revolucionarios", tras cuya lectura llegué a la conclusión de que yo en realidad siempre había sido falangista sin saberlo.

¿Sabes lo que es haber estado siempre en el lugar equivocado y, de repente, leer algo con lo que te sientes completamente identificado? ¡Era la Falange tan distinta a lo que yo pensaba que era! Si yo no hubiera vivido en esa época en Los Corrales de Buelna, es muy probable que yo nunca hubiera descubierto lo que de verdad era la Falange y me hubiera quedado como mucho en lo bueno que me decía mi abuelo de José Antonio como persona. Esta evolución culminó justo con mi ingreso en la universidad, y allí me afilié al SEU (donde llegué a ser Jefe Nacional) y a FEJONS (donde actualmente ocupo el cargo de Vicesecretario General).

También ha sido muy activa su participación en sindicatos nacional sindicalistas...

Sí, porque para mí el sindicalismo es absolutamente esencial para defender la Justicia Social. La doctrina política falangista es el Nacionalsindicalismo, y en el propio término se incluyen los dos conceptos esenciales que lo conforman: lo nacional (con todos los valores que implica) y lo sindical. Ni lo uno ni lo otro por separado: los dos conceptos necesariamente unidos. Esto es lo que diferencia a la Falange de la derecha y de la izquierda, que teóricamente -en la práctica ya ni eso- se quedan sólo con lo uno o con lo otro, mientras que para nosotros no puede defenderse de verdad la Patria si al mismo tiempo no se defiende la Justicia Social en ella. Sólo sobre la base de una Justicia Social profunda se puede recuperar la preminencia de lo espiritual.

Otra faceta suya es ser articulista y escritor...Háblenos de la importancia de estudiar y difundir la doctrina falangista...

Aunque el activismo sindical y político, unido a mi trabajo y familia, me dejan menos tiempo del que me gustaría disponer para estudiar y escribir, ciertamente creo que he logrado en gran medida que mi vida sea fiel al viejo lema del SEU: "estudio y acción". Nuevamente son dos conceptos que deben ir unidos si no se quiere caer en la esterilidad. El estudio sirve de poco si no se divulga y trata de plasmar en hechos concretos, y el activismo sin una base intelectual y espiritual (que le aporten rigor y altura) está condenado siempre al fracaso.

Y su participación en la radio, en Radio Ya...

Sí, comencé con algunos programas en Radio Intercontinental, luego colaboré en Cadena Ibérica y ahora en Radio Ya, donde dirijo el programa "Perspectiva sindicalista" y participo en las tertulias de "En la boca del lobo". Me encanta la radio. Es una magnífica escuela, especialmente cuando se tiene el privilegio de compartir micrófono y experiencia con personas tan magníficas como las que me han acompañado siempre en estas experiencias. Hay que tener en cuenta que vivimos en la era de la comunicación, y por muy buenas ideas que se defiendan, si no se difunden desde los medios de comunicación es muy difícil que puedan llegar a la gente.

A algunos les llama la atención que siendo falangista defienda la Tradición Católica, cuando en realidad no debería extrañar tanto, ¿no cree?

A mí lo que me sorprende es que haya a quien le sorprenda. Defender la Tradición Católica es algo que debería hacer todo católico, independientemente de sus ideas políticas. Los dos pilares básicos de la Iglesia son la Tradición y el Evangelio (que cronológicamente es un poco posterior). Lo verdaderamente inaudito es que haya católicos de buena fe que no defiendan la Tradición Católica. No puedo comprenderlo.

También destaca su defensa pública de Monseñor Lefebvre, que es un punto de no retorno con relación a la deriva de la Iglesia tras el Concilio...

Yo no conocí la figura de Monseñor Lefebvre hasta 1997. Alguna vez lo había oído mencionar, pero siempre desde la superficialidad. Mi situación en la Iglesia es en cierta manera comparable a la que tuve en la política: veía muchas incoherencias, una crisis de identidad evidente, un querer congraciarse con todo el mundo a costa de dejar de ser lo que se debería ser... Hasta que alguien me habló de la Misa tradicional y fui por curiosidad a una Misa de la Hermandad Sacerdotal San Pío X. Nunca olvidaré aquella primera Misa tradicional en latín... Obviamente ese día no me enteré de nada, pero sentí allí la presencia de Dios como no la había sentido nunca.

¿Cómo han podido robarnos a los católicos ese tesoro tan maravilloso de la Misa tradicional? Fue entonces cuando empecé a entender el problema de la Iglesia: que sus enemigos más dañinos ya no están fuera, sino dentro de ella y ocupando la mayoría de los puestos jerárquicos, empeñados en una auténtica labor de demolición. Tardé algún tiempo en comprender la profundidad del problema (uno siempre quiere pensar que no se trata de un mal deliberado, pero claro, llega un momento en que hasta la mayor de las ingenuidades acaba teniendo que reconocer la realidad) y, lo que es más importante, la dificultad de trabajar por la solución: centrarse con una fe profunda en la labor de reconstrucción de la Cristiandad, empezando por la de la propia Iglesia (hay primero que poner la casa en orden antes de salir a la calle).

Para ello uno debe necesariamente mantener cierta prudente distancia con las jerarquías modernistas (por desgracia más empeñadas en complacer al mundo que a Dios) y no debe perder el tiempo tratando de reconstruir lugares o instituciones irrecuperables (siempre acabarán desautorizándote), sino dedicarse a construir todas las instituciones desde cero: capillas, escuelas, obras piadosas, etc. que, en este estado de necesidad espiritual, no dependan de autoridades modernistas. Yo siempre digo que es como si uno tiene un padre malo que le incita a delinquir. ¿Debe reconocer y respetar a su padre? Sí. ¿Debe obedecerle en lo malo que le ordene? No. ¿Es eso desobediencia? No, es resistencia al mal. Nada más. ¿Deja tu padre de ser tu padre por incitarte al mal? No, siempre seguirá siendo tu padre y debes seguir rezando por él para que vuelva al buen camino, pero en lo malo no puedes cumplir sus indicaciones...

Pues bien, esto lo vio antes que nadie y con una claridad sorprendente Monseñor Lefebvre. En cierta ocasión se lo explicó muy bien al entonces Cardenal Ratzinger, a quien le dijo más o menos esto: "el problema es que ustedes en El Vaticano buscan acercar la Iglesia al mundo mientras que nosotros buscamos llevar el mundo a Dios, y aunque se supone que estamos en el mismo camino, lo cierto es que de hecho vamos en direcciones contrarias...". Mons. Lefebvre fue un hombre de profunda fe que lo sacrificó todo para salvar la Tradición Católica: doctrina, Misa, sacramentos, etc. Sin su heroica resistencia nada habría quedado hoy de esa Tradición. Tuvo que padecer las consecuencias de ello, pero al igual que San Atanasio y otros santos incomprendidos y perseguidos en vida, estoy seguro de que Dios le ha dado su merecido premio de gloria en el Cielo, porque pocas personas han tenido que pasar en esta vida por trances espiritualmente tan duros como los que tuvo que pasar él. Estoy convencido de que fue un verdadero santo, aunque la Iglesia se suele tomar siglos para reconocer la santidad de hombres como él.

¿Qué opina del carlismo y que respondería a las acusaciones de que Falange es un movimiento revolucionario?

El carlismo tiene al menos tres ramas muy distintas, por lo que es difícil opinar de él como si fuera un movimiento homogéneo. Entre el carlismo más doctrinario y el más evolucionado y reformista, pasando por el más moderado, hay grandes diferencias. No obstante, como no pretendo eludir la respuesta, voy a centrarme en lo que considero que es la ortodoxia del carlismo: es un movimiento filosóficamente muy sano, en el que confluyen la defensa de los grandes principios permanentes (empezando por la fe y la Tradición, que, aunque haya intentado monopolizar, nunca lo consiguió), con la defensa de temas accidentales (fueros o dinastías concretas) que son muy discutibles y a los que considero que cometió el error de dar siempre casi la misma importancia, incluso cayendo muchas veces en contradicciones sorprendentes (nunca he comprendido como se puede defender la Tradición y al mismo tiempo la Ley Sálica, por poner un ejemplo).

Creo que del carlismo se deben salvar esos grandes principios de valor general (que, obviamente, no son patrimonio suyo), pero también creo que su plasmación política concreta tiene demasiados añadidos accidentales discutibles y extemporáneos, porque el carlismo no ha sabido adaptarse a la realidad de las sociedades modernas, con economías complejas y problemas nuevos para los que considero que no ofrece alternativas viables. Hoy el carlismo carece de proyectos políticos ambiciosos y apenas sobrevive por la inercia de casi dos siglos de existencia, pero sin aparente voluntad de recuperar el papel político que tuvo en el pasado, por lo que me da la impresión de que camina inexorablemente hacia su extinción. A ello contribuye especialmente su permanente vinculación a una dinastía concreta que hoy no tiene nada que ofrecer a nadie (ni siquiera a los propios carlistas). Curiosamente el carlismo ha aportado sus pensadores más valiosos coincidiendo precisamente con su mayor decadencia política (desde mediados del siglo XX a la actualidad), porque es indiscutible que casi ninguno de los grandes pensadores tradicionalistas españoles del siglo XIX y principios del XX fue carlista (algunos incluso eran manifiestamente anti carlistas). Creo que en la actualidad el carlismo sólo está logrando ofrecer las aportaciones intelectuales de algunos buenos pensadores, lo cual es muy meritorio, pero políticamente poco más puede ofrecer, y cambiar esa dinámica se me antoja una tarea casi imposible.

En cuanto a la Falange como movimiento revolucionario, lo es o no lo es dependiendo de qué se entienda por "revolucionario". El filósofo Ludwig Wittgenstein dedicó su vida -estérilmente- a buscar una solución a lo que él consideraba que era el problema fundamental de la filosofía: "detrás de todo problema filosófico hay frecuentemente un problema terminológico". Es decir, él creía que encontrando un lenguaje común en el que los términos signifiquen lo mismo para todos los interlocutores y utilizando un mecanismo dialéctico neutro y también común, muchos de los problemas filosóficos desaparecerían. Aunque su método es obvio que no logró sus frutos y se equivocó en muchos de sus planteamientos, sí creo que tuvo mucho acierto en su intuición inicial: si no utilizamos los términos con un mismo significado, la consecuencia primera es la falta de entendimiento. La palabra "revolucionario" para un conservador es sinónimo de "destructor de los principios del orden natural y de los valores morales y religiosos tradicionales". Para alguien con una mentalidad muy comprometida con la Justicia Social, en cambio, "revolucionario" significa "comprometido con el cambio radical de las estructuras socio-económicas injustas para crear otras nuevas más justas". Si utilizamos el término "revolucionario" en el primer sentido, es obvio que la Falange no tiene nada de revolucionaria, mientras que si utilizamos el segundo sentido de la palabra (que es el utilizado por los falangistas), parece claro que la Falange es un movimiento profundamente revolucionario.

Algunos cometen la deshonestidad intelectual de apelar al término para tratar de mostrar a la Falange como lo que no es, utilizando la palabra "revolucionario" en el primer sentido y concluyendo que, si la propia Falange dice ser revolucionaria y ser revolucionario es querer destruir el orden natural y los valores morales y religiosos (obviando que la Falange no acepta como propia esa acepción de la palabra), debe deducirse que la Falange busca eso... Hay que ser muy deshonesto intelectualmente para razonar de esa manera. Lo mismo hacen algunos al hablar del presunto "totalitarismo" (a secas) de la Falange, obviando la diferencia entre el "totalitarismo objetivo" (condenado por la Iglesia) y el "totalitarismo subjetivo" (del que es defensora la Falange y del que tan elogiosamente hablaron papas como Pío XI...).

Cuando se utilizan términos y conceptos con falta de rigor o con mala fe, se cae en equívocos y conclusiones erróneas como esas, muy difundidas sobre todo entre algunos círculos intelectuales muy concretos (en este sentido resulta sorprendentemente deshonesto el tratamiento del tema en el clásico libro "Tradición o mimetismo", de Rafael Gambra -por lo demás un gran intelectual al que tuve el honor de conocer personalmente-, donde se llega al atrevimiento de entrecomillar supuestas frases de José Antonio completamente apócrifas). En cualquier caso, para quien tenga dudas sobre el alcance del término "revolucionario" para la Falange, basta con leer sus propios textos (los "Puntos iniciales de Falange Española", los "27 Puntos de FEJONS" o el clarificador artículo "La Tradición y la Revolución" de José Antonio Primo de Rivera) para entenderlo perfectamente.

¿Cómo valora la labor del Correo de España y que espera aportar?

Es una publicación que aporta mucho al penoso panorama de la prensa española, dominada por grupos editoriales y tecnológicos al servicio de intereses espurios en demasiadas ocasiones. Por eso es tan necesaria vuestra labor, porque sois un oasis de libertad y rigor en este desierto insoportable en el que vivimos, donde todo lo que parece maravilloso termina siendo un espejismo en cuanto se le somete a prueba... Espero que mi limitadísimo tiempo me permita aportar algo que los exigentes e inteligentes lectores de este medio consideren interesante. Sé que es difícil estar a la altura de este medio, pero me esforzaré en intentarlo. ¡Muchas gracias por contar conmigo!

jueves, 31 de diciembre de 2020

Conspiraciones en tiempos de pandemia


El año 2020 pasará a la Historia como el año de la “pandemia de la COVID-19”, pero también como el del mayor triunfo del globalismo. La “pandemia” ha servido de excusa perfecta para implantar en todo el mundo medidas de control social perfectamente coordinadas y nunca antes vistas ni siquiera en los regímenes más totalitarios: encierros de la población durante semanas e incluso meses, geolocalizaciones, prohibiciones de trabajar que han provocado la ruina de millones de familias, habilitación de mecanismos de censura institucional para acallar a los críticos, multas, encarcelamientos, sanciones a los médicos disconformes, violación de distintos derechos fundamentales, vacunaciones experimentales masivas con las ni el Dr. Mengele habría podido soñar… Eso sí, todo “por nuestra salud”. Como ya vaticinara Chesterton hace un siglo, la salud ha sido la excusa perfecta para imponer una auténtica dictadura sanitaria, aunque para ello ha sido necesario mezclar verdades con mentiras y verdades a medias, y es que yo creo que es ésta precisamente la clave: en la versión oficial sobre la COVID-19 ni todo es verdad, ni todo es mentira. Pero claro, como la desinformación ha sido tan brutal, resulta harto complicado distinguir lo que hay de verdad, de mentira, de exageración o de verdad a medias en todo lo que se difunde. Al menos para los que somos legos en biología y epidemiología…

En esta reflexión que hago no voy a profundizar en temas científicos porque no son mi campo. Sólo voy a señalar algunos de los aspectos (en realidad hay muchos más) que me hacen desconfiar mucho de la versión oficial sobre la COVID-19, lo que no quiere decir tampoco que por ello me alinee con cualquier versión crítica con la misma por el mero hecho de serlo, ya que hay muchas y muy diversas. Desde las críticas que aceptan lo esencial de la versión oficial y sólo disienten en las medidas adoptadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y los diferentes gobiernos, hasta las que niegan todo, incluso la existencia del propio coronavirus SARS-CoV-2, la gama de posibilidades es muy amplia (unas muy sensatas, otras demasiado hipotéticas y algunas verdaderamente disparatadas), por lo que englobarlas a todas con etiquetas fáciles como “conspiranoicas”, “terraplanistas”, “negacionistas”, etc. no sólo me parece injusto, sino deshonesto. Esos calificativos pueden conseguir para quien los emite el aplauso fácil de los idiotas, pero ninguna persona inteligente puede aceptarlos como crítica. Las críticas deben ser sensatas, racionales y basadas en argumentos inteligentes, y todo lo que no sea así implica -consciente o inconscientemente- un insulto a la inteligencia del receptor del mensaje. Quienes no están a la altura intelectual mínima necesaria para contrarrestar los argumentos de los científicos críticos con la versión oficial, normalmente -con honrosas excepciones- recurren a la descalificación fácil, a la demagogia y al insulto, demostrando con ello su incapacidad mental y su falta de razón, y si el receptor acepta esa escasa altura intelectual, es porque se sitúa en ella o por debajo de ella.

¿Y cuáles son mis razones para desconfiar de la versión oficial? Las principales son las explicaciones científicas de muchos expertos en biología y epidemiología críticos con la versión oficial (lo que no quiere decir tampoco que esté de acuerdo con todos ellos o con todas sus afirmaciones; es más, ni siquiera estoy completamente seguro de que tengan razón). Es verdad que son los menos, pero curiosamente siempre son los más independientes: los que ya están jubilados o trabajan por su cuenta, lo que les da una mayor libertad para opinar sin miedo a ser despedidos o sancionados por los nuevos inquisidores laicos de los Colegios de Médicos. La mayoría de los científicos dependen de instituciones directa o indirectamente gubernamentales o de multinacionales farmacéuticas, y entre éstos la unanimidad en su apoyo a la versión oficial es abrumadora, mientras que entre los científicos independientes son muy numerosos los críticos con la versión oficial. ¿Tendrá algo que ver en ello quién da de comer a quién? Es muy raro que alguien esté dispuesto a morder la mano de quien le procura el sustento, además de no ser nada agradable nadar contracorriente.

Me gustaría ver que, en los foros científicos, en las universidades y en las publicaciones especializadas se realizan debates académicos y técnicos de nivel entre quienes tienen opiniones distintas sobre la COVID-19, la forma en que se diagnostica, la efectividad de las pruebas PCR, el número real de enfermos por COVID-19, los tratamientos, las medidas sociales para combatir la enfermedad, etc., pero ese debate está sencillamente prohibido. Desde la OMS hasta la más modesta institución oficial hay una única versión oficial sobre la COVID-19, no se permite debate científico alguno que la discuta, y los científicos críticos son sancionados, despedidos, multados, insultados y ridiculizados sin molestarse normalmente en rebatir sus tesis. ¿Por qué? ¿A qué tienen miedo?

 

La OMS recurre a Cass Sunstein

 

Una noticia que me llamó la atención fue el anuncio del pasado mes de octubre de 2020 que hizo la OMS por boca de su Director General, Tedros Ghebreyesus, de que su “Grupo Asesor Técnico sobre Conocimientos y Ciencias del Comportamiento para la Salud” iba a desarrollar una estrategia para promover la aceptación social de la vacunación contra la COVID-19, pasando a ser dirigido por Cass Sunstein (https://childrenshealthdefense.org/defender/la-oms-recurre-a-un-cruzado-anti-conspiracion-para-influir-en-la-opinion-publica-sobre-la-vacuna-covid/?lang=es). ¿Y quién es Cass Sunstein? ¿Algún prestigioso científico, médico, biólogo, farmacéutico o bioquímico? Frío, frío… Al nuevo responsable del “Grupo Asesor Técnico sobre Conocimientos y Ciencias del Comportamiento para la Salud” de la OMS no se le conoce experiencia alguna en el mundo de la salud, sino en otra muy distinta: fue el responsable entre 2009 y 2012 de la “Oficina de Información y Asuntos regulatorios” de la Casa Blanca durante el mandato de Barack Obama y asesor del Banco Mundial, siendo su formación académica en Derecho y estando especializado en técnicas del comportamiento social (dirige un “Programa de Economía del Comportamiento y Políticas Públicas” en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard). Es conocido por sus publicaciones (muchas de ellas conjuntas con su colega Adrian Vermeule) contra las “teorías de la conspiración” y su combate desde el Poder por medio fundamentalmente de agentes encubiertos intoxicadores (https://www.argumenta.org/article/cass-sunstein-adrian-vermeule-conspiracy-theories-special-issue/). Es decir, que el responsable de convencernos desde la OMS de la conveniencia de vacunarnos no es un experto en temas de salud, sino un propagandista y conocido manipulador social del Partido Demócrata de EEUU, experto en “infiltración cognitiva”... ¡Muy digno de confianza! ¡Seguro que sus argumentos para aceptar que nos vacunen son muy convincentes!

 

La OMS contrata a “Hill & Knowlton Strategies”

 

Pero para la OMS al parecer la contratación de Cass Sunstein podía no ser suficiente, así que decidió contratar también a una conocida empresa de relaciones públicas: “Hill & Knowlton Strategies” (https://noruego.today/2020/11/04/la-empresa-que-creo-el-cuento-de-las-incubadoras-ahora-trabaja-para-la-oms/). La razón oficial que da la OMS para su contratación es muy simple: para que “haya confianza en las recomendaciones de la Organización y el cumplimiento de sus directrices (sic). ¿Quién no recuerda el excelente trabajo que esta empresa realizó en 1990 para el gobierno en el exilio de Kuwait (por medio de la asociación instrumental “Ciudadanos por un Kuwait Libre”), con un impactante documental en el que una serie de supuestos testigos (entre ellos la famosa “enfermera” Nayirah, que testificó ante el Comité de Derechos Humanos del Congreso de los EEUU -y que luego resultó ser la hija del embajador de Kuwait en EEUU, algo que sólo se descubrió dos años después-) narraban escenas estremecedoras de los soldados iraquíes supuestamente atacando un hospital kuwaití y desconectando las incubadoras de los bebés prematuros para dejarlos morir en el frío suelo del hospital? Este documental -repleto de falsedades de principio a fin- fue el mayor logro de la campaña propagandística diseñada por “Hill & Knowlton Strategies” para convencer a los ciudadanos y políticos de EEUU (y del resto del mundo) de la maldad de Saddam Hussein y de la necesidad de desatar la “Primera Guerra del Golfo Pérsico”. Gracias a esta campaña la empresa logró que la opinión pública cambiara radicalmente de opinión sobre la necesidad de la intervención militar en Iraq, además de conseguir “lavar la cara” de diversos gobiernos (presuntamente violadores de los Derechos Humanos) de todo el mundo (Indonesia, Turquía, Maldivas, etc.), así que es lógico que la OMS pensara en ella para convencernos a todos de la bondad de vacunarnos contra la COVID-19 con las vacunas experimentales que las distintas multinacionales farmacéuticas han sacado al mercado deprisa y corriendo, ¿verdad? ¿Cómo vamos a desconfiar de “las recomendaciones de la Organización y el cumplimiento de sus directrices” si “Hill & Knowlton Strategies” se encarga de darnos argumentos convincentes para confiar? ¿Por qué vamos a desconfiar de ellos? ¿Acaso no pueden decir la verdad esta vez? ¡No seamos “conspiranoicos”!

 

La nueva censura: verificadores y redes sociales

 

Para mantener, conseguir o aumentar el poder es necesario controlar la información en las dos direcciones: creando (y difundiendo) la información propia y censurando la ajena que pueda ser inconveniente. Antiguamente se recurría a métodos más expeditivos de censura, pero en la actualidad se prefieren métodos más sofisticados, como el de la “verificación de datos”. Si dicha “verificación” fuera sólo técnica e independiente podría ser incluso una buena idea, pero lo cierto es que en la práctica no hay ningún “verificador” que realmente sea independiente y meramente técnico. Todos recurren a sus “expertos” o verifican lo que les interesa, lo verifican a medias o no lo verifican en absoluto, según sus intereses, creando así una falsa imagen de “verificación imparcial” -que, al menos con los temas en los que hay en juego intereses importantes, en realidad no es tal-. Con ella se puede justificar la censura de cualquier información que no interese, apelando muchas veces a lo que en Derecho se llama “prueba diabólica”: cuando algo es de imposible demostración, por muchos indicios que haya, puede ser descalificado como “no demostrado” y ser censurado como “bulo”. Algo que pasa mucho con las enfermedades y los tratamientos (por ejemplo, con los miles de niños autistas que manifiestan la enfermedad en las 48 horas siguientes a recibir la vacuna “Triple Vírica” se responde siempre que “no ha quedado acreditada la relación causa-efecto y sólo hay una coincidencia temporal entre la vacunación y la manifestación del autismo”, por lo que cualquiera que intente vincular una cosa con la otra es objeto de censura por parte de los “verificadores”: es sencillamente un asunto sobre el que está prohibido de hecho hablar).

El “Instituto Poynter para Estudios Mediáticos”, que fue creado en 2015, recibe suculentos contratos de la “Fundación Nacional para la Democracia” (“National Endowment for Democracy”, NED), financiada por el Departamento de Estado de EEUU, así como cuantiosas subvenciones de entidades como “Google”, “MacArthur Foundation”, “Bill and Melinda Gates Foundation”, “Carnegie Foundation”, “Open Society Foundations” (la fundación del polémico magnate George Soros) y “Omidyar Network” (proyecto del empresario Pierre Omidyar, fundador de “eBay”), entre otras. Las últimas dos organizaciones destinaron 1,3 millones de dólares para la ONG solamente en 2017 con el fin de desarrollar una red de verificación de datos (https://actualidad.rt.com/actualidad/312705-facebook-verificadores-noticias-falsas): la “Red Internacional de Verificación de Datos” (“International Fact-Checking Network”, IFCN), cuyos miembros determinan qué publicaciones son fidedignas y cuáles no. Más de 60 “verificadores” de todo el mundo dependen de esta red “independiente” que en España opera con organizaciones y empresas como “Newtral”, “Maldita.es” (y sus diversas ramas), “EFE Verifica”, “RTVE Verifica” o el “Observatorio Digital de Información Sanitaria”. Todas las redes sociales mayoritarias tienen suscritos convenios con estos “verificadores” para justificar la práctica de la censura en las mismas. ¡Hasta el Presidente de EEUU ha sufrido su censura!

Toda esta red de “verificadores” ha trabajado a fondo durante 2020 para controlar la información sobre la COVID-19 a fin de garantizar que la versión oficial prevalezca y sean acalladas las voces de todos los científicos críticos con ella, eliminándose no sólo las informaciones discrepantes, sino incluso clausurando las cuentas en redes sociales de los “infractores”. Si el verdadero interés fuera el de garantizar la veracidad de las informaciones, en lugar de censurar se añadiría un aviso a la información aportada con otra información aclaratoria, de forma que el lector u oyente pudiera comparar todos los datos, pero obviamente no es eso lo que hacen… Se censura y punto. Será por mi espíritu rebelde -supongo-, pero lo cierto es que cada vez que alguien recurre a la descalificación o a la censura ¡tiendo a pensar que algo de verdad debe haber en lo que dice el insultado o censurado!

 

El Gobierno español crea el “Ministerio de la Verdad

 

En su afán por controlar la información sobre la COVID-19 y acallar las críticas, el Gobierno español encargó a la Jefatura del Servicio de Información la Guardia Civil trabajar para “minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno”, tal y como reconoció en rueda de prensa el 19 de abril de 2020 el Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, General José Manuel Santiago (https://www.abc.es/espana/abci-jefe-estado-mayor-dice-guardia-civil-dice-trabaja-para-minimizar-criticas-gobierno-202004191732_noticia.html). No fue ningún lapsus, pues la rueda de prensa fue leída (no fue una frase espontánea) y en ningún caso rectificó sus palabras, siendo destituido en sus labores de comunicación desde ese momento, así que parece claro que el General Santiago se limitó a decir la verdad.

Sin embargo el Gobierno no se echó para atrás en su labor de control de la información tras el escándalo que provocó la confesión del General Santiago, sino todo lo contrario: en el BOE del 5 de noviembre de 2020 se publica la “Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional” (https://www.boe.es/boe/dias/2020/11/05/pdfs/BOE-A-2020-13663.pdf), por el cual se establece el procedimiento del “Sistema Nacional para la prevención, detección, alerta, seguimiento y respuesta cuyas causas, medio y/o consecuencias están relacionadas con la desinformación” (sic), con mención expresa a “la lucha contra la desinformación acerca de la COVID-19” (sic). Todo ello se dirige por una “Comisión Permanente contra la desinformación” coordinada por la Secretaría de Estado de Comunicación y presidida de forma ordinaria por el Director del Departamento de Seguridad Nacional que, cual “Ministerio de la Verdad”, se encarga de la labor censora del Gobierno con numerosas funciones, algunas tan ambiguamente amplias como estas:  “Analizar y estudiar la disponibilidad de los recursos existentes y las necesidades en el ámbito de la lucha contra la desinformación, y formular propuestas relativas a la dotación de recursos y priorización para las actuaciones identificadas; Verificar la ejecución de las actuaciones previstas y estudiar la necesidad de creación y mantenimiento de grupos de trabajo de apoyo; Apoyar la investigación sobre los aspectos de la desinformación en un contexto de colaboración con el sector privado y la sociedad civil.” Es decir, que el Gobierno, por medio de esta “Comisión Permanente contra la desinformación”, puede hacer prácticamente lo que quiera para censurar -por sí mismo o en colaboración con los denominados “verificadores”- toda información inconveniente, incluida toda la relativa a la COVID-19 que cuestione la versión oficial o simplemente la gestión del Gobierno…

 

La COVID-19 y el “Gran Reinicio”

 

En 2007 publiqué la edición definitiva de mi libro “Manifiesto Sindicalista”, escrito en 2001. En él expuse mi tesis sobre la situación de quiebra técnica de la economía capitalista, las razones de su subsistencia agónica -previsiblemente larga- y por qué veía complicado que el capitalismo se reformara por las buenas sin una gran revolución o crisis que sirviera de detonante.

En 2020 ha llegado esa gran crisis que el capitalismo necesitaba para justificar un cambio en sus planteamientos, pero por propia iniciativa y no precisamente en la dirección que se necesitaba, sino en la que los grandes magnates capitalistas prefieren: la del mantenimiento de los esencial del Sistema para hacer que el coste lo paguemos los de siempre. Esa gran crisis esta vez no es un Crack como el de 1929 ni una gran guerra mundial, sino la COVID-19. Así vemos cómo el “Foro Económico Mundial” lo plantea abiertamente para tratarlo en su próximo encuentro en Davos en 2021 (https://es.weforum.org/agenda/2020/08/covid-19-las-4-claves-del-gran-reinicio/).

En este punto lo de menos es averiguar si el SARS-CoV-2 es de creación natural o fue modificado artificialmente en un laboratorio mediante la técnica de “ganancia de función” o cualquier otra y luego se produjo un escape o se dispersó intencionadamente. No digo que conocer la verdad sobre ello carezca de interés, por supuesto, pero a los efectos de para lo que realmente está siendo utilizado, su origen es algo secundario. Lo importante es que, una vez constatado el problema, las élites que dirigen el mundo indiscutiblemente lo están utilizando (en mi opinión incluso exagerando su gravedad) para alcanzar más fácilmente sus objetivos: un mayor control social mundial y un “Gran Reinicio” del Sistema capitalista que sólo en una situación de extrema gravedad se podía conseguir. ¡Por eso es tan importante para ellos generar el suficiente miedo a la población y controlar la información! El miedo es un sentimiento, y por tanto provoca reacciones y sensaciones que no son fruto de la razón, sino justamente de la parte más irracional de nuestro ser, y una persona -o colectivo- con miedo es capaz de aceptar sumisamente cualquier cosa que se le ofrezca como “solución”. ¿Acaso no es eso una forma de terrorismo: conseguir mediante el miedo que la población acepte las exigencias que se le hacen y hasta lo agradezca en lo que no deja de ser una manifestación de “Síndrome de Estocolmo”?

 

Conspiraciones y “conspiranoicos”

 

Como ya se ha mencionado, es un recurso muy habitual de los perezosos o cortos mentales el acusar a quien no se puede rebatir argumentalmente de ser un “conspiranioico”, un “terraplanista”, un “negacionista” o cualquier otro adjetivo calificativo (en este caso “descalificativo”) para descreditar, ridiculizar o insultar a quien opina diferente. Eso no quiere decir que no haya personas que realmente se merezcan esos calificativos, pero recurrir a ellos para eludir el debate de fondo, lo único que demuestra es falta de capacidad o de razón. Nada más.

Hasta ahora me he limitado a aportar datos (con los enlaces a las fuentes correspondientes para su comprobación) que no me parecen discutibles, más allá de que obviamente sí pueda discreparse de mis valoraciones y opiniones que los acompañan. Pero algunos de los calificativos mencionados me preocupan especialmente, pues buscan ridiculizar todas las teorías de la conspiración como si las conspiraciones no existieran… ¿Acaso no existen las conspiraciones? ¿Acaso Bill Gates o George Soros no financian los proyectos que les interesan con intenciones que nada tienen que ver con los programas electorales que se supone que se votan en las elecciones democráticas? ¿Es falso que Cass Sunstein ha sido contratado por la OMS pese a no ser experto en temas sanitarios, sino en “infiltración cognitiva”? ¿Es falso que la empresa “Hill & Knowlton Strategies” que ha contratado la OMS es experta en montajes como el de la Guerra de Iraq y que no tiene nada que ver con el mundo sanitario? ¿Es falso que los “verificadores” tienen financiadores interesados y que sirven al Poder para censurar las redes sociales? ¿Es falso que el Gobierno español ha creado una “Comisión Permanente contra la desinformación” para “la lucha contra la desinformación acerca de la COVID-19”? ¿Es acaso un bulo que el “Foro Económico Mundial” está planteando utilizar la crisis de la COVID-19 para provocar el “gran Reinicio” del capitalismo?

Las conspiraciones existen. Siempre han existido y existirán. No sólo las ya mencionadas, sino miles y miles a lo largo de la Historia: desde la muerte de Jesucristo a la de Carrero Blanco, de la de Julio César a la de Kennedy, de la Revolución Francesa a la Transición española, de la Revolución de Octubre al 23-F… ¿Cómo se pueden explicar la mayoría de los acontecimientos históricos si no es porque hubo una conspiración que los provocó o realizó? Descartar las conspiraciones como causa o detonante de gran parte (si no de la mayoría) de los acontecimientos históricos importantes es sencillamente estúpido. Una evidente negación de la realidad impropia de personas inteligentes y bien formadas.

Por otro lado, también hay quienes -en el otro extremo- desconfían de todo y piensan que nada hay bueno ni sano en ninguna institución u organización; que todo en la vida y en la Historia son conspiraciones (haya o no razones para sospechar), todo son mafias (con razón o sin ella), todo son crímenes y tramas ocultas… Cuando la conspiración pasa a explicarlo todo, aunque no haya razón alguna que lo justifique, se pasa del análisis realista a la exageración irracional e incluso a la posible enfermedad mental, a la “paranoia” o, como se suele decir en estos tiempos, la “conspiranoia”. Tampoco esta postura es propia de personas razonables y equilibradas.

Hay quienes piensan que las multinacionales farmacéuticas son una especie de ONG que sólo buscan nuestro bien, que la OMS es una entidad independiente que sólo vela por nuestra salud y no está influida ni por esas multinacionales farmacéuticas ni por quienes donan cifras millonarias de dinero para su funcionamiento, que el Gobierno dice la verdad en todo lo que se refiere a la COVID-19 y que debemos confiar en todas esas entidades e instituciones sin dudar de nada. Pues muy bien: que confíen y hagan lo que quieran con ellos, pero que respeten a los que desconfiamos -con razones, no por obsesiones ni paranoias- de esas entidades e instituciones y no queremos que nadie nos utilice como “Conejillos de Indias”.

Tan erróneo me parece ignorar las conspiraciones y caer en el “irenismo” (ahora lo llaman “buenismo”) como ver conspiraciones por todas partes sin fundamento alguno. Por eso yo defiendo que ante el Poder hay que mantener una actitud de respeto crítico, de forma que se acate cuando no haya motivos para sospechar nada malo, pero sin por ello dejar de mantener un espíritu crítico que, cuando haya motivos de sospecha, nos permita desconfiar, y si moralmente es necesario, rebelarnos. Todo ello siempre con racionalidad y sentido común.

¿Y hay motivos para desconfiar de la OMS, de las multinacionales farmacéuticas y del Gobierno español en la gestión de la COVID-19? Sinceramente: si después de lo descrito hasta ahora (que sólo es una mínima parte de todo lo que se podría incluir) el paciente lector cree que no hay ningún motivo, que todo es digno de confianza, entonces es obvio que tenemos una forma muy distinta de valorar los mismos datos… Yo desconfío. Desconfío mucho. Y entre un mal hipotético y un mal cierto, prefiero el hipotético. Entre mantener un comportamiento prudente, pero sin seguir irracionalmente todas y cada una de las directrices sobre la COVID-19 del Gobierno (arriesgándome a enfermar), y maltratar mi cuerpo con mascarillas, encierros y vacunas experimentales, sinceramente, prefiero lo primero.

Que cada uno haga lo que considere mejor, pero que nadie imponga a otros su particular visión de lo que es mejor. Yo sé lo que es mejor para mí y quiero decidirlo yo; asumo el riesgo de equivocarme y quiero que se me respete igual que yo respeto a los que se quieran enmascarar a todas horas, encerrar y vacunar. No soy un inconsciente ni un insolidario por ello. Mi desconfianza está fundada racionalmente (basta releer los párrafos anteriores para entenderlo) y no es precisamente solidario -aunque él crea lo contrario- quien quiera imponerme sus criterios particulares, con encierros abusivos, mascarillas en todo lugar e incluso inoculando a la fuerza sustancias químicas en mi cuerpo (por ejemplo, vacunas no deseadas como esta de la COVID-19 -hay otras que sí me parecen importantes, porque esto no es un “o todo o nada”-, cuando la vacunación no es ni puede ser legal ni moralmente obligatoria).

Yo respeto a los demás y, por ello, exijo que los demás me respeten también de la misma manera. Tengo derecho a confiar o a desconfiar racionalmente y a disentir de la misma forma sin ser insultado ni ridiculizado por ello. ¿Tan difícil es de entender para algunos? SE LLAMA RESPETO.


lunes, 18 de mayo de 2020

En España se ponen vacunas hechas con fetos abortados


En España se ponen vacunas hechas con tejido celular humano proveniente de fetos abortados: cualquiera puede consultar la documentación oficial que lo acredita pinchando en el enlace, por lo que NO ES UN BULO.

Se utilizan dos cepas celulares humanas principales para crear algunas vacunas disponibles actualmente (como la de la varicela o la rubeola -que en España se pone con otras dos juntas en lo que se suele llamar la "triple vírica"-), y en cada caso con las células fetales originales, obtenidas en la década de 1960. La cepa celular WI-38 se creó en 1961 en Estados Unidos, y la MRC-5 (iniciada también con células fetales de pulmón) se creó en 1965 en el Reino Unido. No se requirieron células fetales nuevas o adicionales que no sean provenientes de abortos para mantener las dos cepas celulares originales, por lo que se siguen utilizando las mismas.

Accediendo al enlace, se pincha sobre la vacuna que se quiere consultar, se abre el enlace a cada uno de los productos autorizados y a la derecha hay un columna que dice "ficha pdf" (se pincha cualquiera de ellas y viene en la primera página la composición oficial).

https://vacunasaep.org/profesionales/fichas-tecnicas-vacunas/resultados?diseases=157


viernes, 8 de mayo de 2020

Por fin algunos pastores de la Iglesia hablan claro sobre el COVID-19




a los fieles católicos y a los hombres de buena voluntad

Veritas liberavit vos

Jn 8,32


En un momento de gravísima crisis, los Pastores de la Iglesia Católica, en virtud del mandato que hemos recibido, nos consideramos en el sagrado deber de hacer un llamamiento a nuestros Hermanos en el Episcopado, al Clero, a los Religiosos, al pueblo santo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad. Suscriben también este llamamiento intelectuales, médicos, abogados, periodistas y profesionales diversos que comparten su contenido, y pueden suscribirlo asimismo cuantos deseen adherirse al mismo.


Los hechos han demostrado que, bajo el pretexto de la epidemia de Covid-19 se ha llegado en muchos casos a vulnerar derechos inalienables de los ciudadanos, limitándose de forma desproporcionada e injustificada sus libertades fundamentales, entre ellas el ejercicio de las libertades de culto, de expresión y de movimiento. La salud pública no debe ni puede convertirse en excusa para conculcar los derechos de millones de personas en todo el mundo, y menos aún para que las autoridades civiles eludan su obligación de obrar con prudencia en pro del bien común. Esto es tanto más cierto cuanto más aumentan las dudas planteadas por muchos en torno a la verdadera capacidad de contagio, peligrosidad y resistencia del virus. Muchas voces autorizadas del mundo de la ciencia y de la medicina confirman que el alarmismo que han manifestado los medios informativos al Covid-19 no parece totalmente justificado.


En base a los datos oficiales sobre la incidencia de la epidemia en el número de fallecimientos, tenemos motivos para creer que hay fuerzas interesadas en generar pánico entre la población con el único fin de imponer de modo permanente formas inaceptables de restricción de las libertades, control de las personas y vigilancia de sus movimientos. Esta forma de imposiciones antidemocráticas preludian de manera inquietante un Gobierno Mundial que escapa a todo control.


Creemos igualmente que las medidas de protección adoptadas en algunas situaciones, incluido el cierre de las actividades comerciales, han desencadenado una crisis que ha hundido a sectores enteros de la economía, favoreciendo con ello la interferencia de potencias extranjeras, con graves repercusiones sociales y políticas. Quienes ejerzan cargos gubernamentales deben impedir estas formas de ingeniería social, adoptando medidas encaminadas a la tutela de sus ciudadanos, a quienes representan y en cuyo interés tienen la grave obligación de realizar sus funciones. Ayúdese igualmente a la familia, célula de la sociedad, evitando penalizar irrazonablemente a los débiles y los ancianos al obligarlos a sufrir dolorosas separaciones de sus seres queridos. La criminalización de las relaciones personales y sociales debe considerarse asimismo una parte inaceptable del proyecto de quienes promueven el aislamiento de las personas para manipularlas y dominarlas mejor.


Pedimos a la comunidad científica que vele porque se promuevan honradamente y con miras al bien común curas para el Covid-19, evitando escrupulosamente que intereses inicuos influeyan en las decisiones de los Gobernantes y los organismos internacionales. No es razonable penalizar remedios que se han revelado eficaces, en muchos casos de bajo costo, para privilegiar curas o vacunas no tan eficaces pero que garantizan ingresos mucho mayores a las empresas farmacéuticas, aumentando los costos de la sanidad pública. Como Pastores que somos, recordemos también que para un católico es moralmente inaceptable inocularse con vacunas en cuya producción se ha utilizado material procedente de fetos abortados.


Pedimos asimismo a los Gobernantes que garanticen que se eviten de la forma más rigurosa los medios de control de las personas sea mediante sistemas de rastreo electrónico o cualquier otra forma de ubicación: a pesar de la gravedad de la situación, el combate al Covid-19, no debe servir de pretexto para respaldar turbias intenciones de entidades supranacionales que albergan marcadísimos intereses comerciales y políticos en este proyecto. En particular, debe permitirse a los ciudadanos la posibilidad de rechazar semejantes limitaciones a las libertades personales, sin imponer forma alguna de penalización para quien no desee beneficiarse de las vacunas, de los métodos de localización y de cualquier otro instrumento análogo. Téngase en cuenta la flagrante contradicción que se observa entre quienes persiguen políticas de reducción drastica de la población y al mismo tiempo se presentan como salvadores de la humanidad sin tener la menor legitimación política ni social. Por último, la responsabilidad política de quien representa al pueblo no puede ser confiada en modo alguno a técnicos que encima exigen para ellos mismos formas de inmunidad personal que resultan como mínimo inquietantes.


Solicitamos enérgicamente a los medios de comunicación que se empeñen activamente en facilitar una información correcta que no sancione el disenso aplicando formas de censura, como está sucediendo de forma generalizada en las redes sociales, la prensa y la televisión. La veracidad de la información exige que se dé lugar a voces no alineadas con el pensamiento único para que los ciudadanos puedan evaluar la realidad con conocimiento de causa, sin ser influidos en gran medida por intervenciones partidistas. Un diálogo democrático y franco es el mejor antídoto contra el riesgo de imponer formas sutiles de dictadura presumiblemente peores de las que ha visto nacer y morir nuestra sociedad en épocas recientes.




Recordemos, para terminar, como Pastores a quienes se ha encomendado la importante misión de guiar la grey de Cristo, que la Iglesia reivindica con firmeza su propia autonomía de gobierno, de culto y de predicación. Dicha autonomía y libertad son un derecho de nacimiento que le concedió Nuestro Señor Jesucristo para que cumpla las finalidades que le corresponden. Por este motivo, los Pastores reivindicamos enérgicamente el derecho a decidir de forma autónoma en lo que se refiere a la celebración de la Santa Misa y los Sacramentos, como también exigimos plena autonomía en materias que están dentro de nuestra inmediata competencia y jurisdicción, como por ejemplo las normas litúrgicas y la manera de administrar la Comunión y otros Sacramentos. El Estado no tiene el menor derecho a interferir por motivo alguno en la soberanía de la Iglesia. La colaboración de las Autoridades Eclesiásticas, que jamás ha sido negada, no supone por parte de las civiles prohibiciones ni limitaciones al culto público o el ministerio sacerdotal. Los derechos de Dios y de los fieles son ley suprema de la Iglesia que ésta no quiere ni puede abrogar. Solicitamos que nos sean retiradas las limitaciones a la celebración del culto público.


Invitamos a las personas de buena voluntad a no sustraerse a su deber de colaborar al bien común, cada cual según su propio estado y posibilidades y en espíritu de Caridad fraterna. Esta cooperación, auspiciada por la Iglesia, no puede prescindir sin embargo del respeto a la ley natural ni a la garantía de las libertades individuales.


Los deberes civiles a los que están obligados los ciudadanos suponen el reconocimiento de sus derechos por parte del Estado. Todos estamos llamados a valorar la situación actual de forma coherente con las enseñanzas del Evangelio, y ello exige tomar partido: o con Cristo o contra


Cristo. No nos dejemos intimidar ni asustar por quienes nos hacen creer que somos minoría: el bien está mucho más difundido y es mucho más poderoso de lo que el mundo quiere que creamos. Nos enfrentamos a un enemigo invisible que hace separaciones entre sus ciudadanos, entre los hijos y los padres, entre nietos y abuelos, fieles y pastores, alumnos y docentes, clientes y vendedores. No permitamos que con la excusa de un virus se borren siglos de civilización cristiana para instaurar una odiosa tiranía tecnológica en que personas sin nombre y sin rostro decidan la suerte del mundo confinándonos a una realidad virtual. Si tal es el proyecto que tienen para dominarnos los poderosos de la tierra, sepan que Jesucristo, Rey y Señor de la Historia, ha prometido que «las puertas del Infierno no prevalecerán» (Mt.16,18).


Encomendamos al Dios Todopoderoso a los Gobernantes y a cuantos rigen el destino de las naciones para que los ilumine y oriente en estos momentos de grave crisis. No se olvide que del mismo modo que el Señor nos juzgará a los Pastores según por la grey que nos ha confiado, también juzgará a los Gobernantes por los pueblos a los que tienen la obligación de defender y gobernar.


Roguemos con fe al Señor para que proteja a la Iglesia y al mundo. La Virgen Santísima, Auxilio de los Cristianos, aplaste la cabeza de la vieja Serpiente y frustre los planes de los hijos de las tinieblas.


8 de mayo de 2020

Virgen del Rosario de Pompeya

Para firmar el llamamiento:

www.veritasliberabitvos.info

El sitio estará activo desde la mañana del 8 de mayo




Lista de firmantes:



Cardenales

Cdl Gerhard Ludwig Mueller, Prefect emeritus of Congragation of the Doctrine of the Faith

Cdl Joseph Zen Ze-kiun, Bishop emeritus of Hong Kong

Cdl Janis Pujats, Archbishop emeritus of Riga





Mgr Luigi Negri, Archbishop emeritus of Ferrara-Comacchio

Mgr Joseph Strickland, Bishopof Tyler, Texas

Mgr Thomas Peta, Metropolitan Archbishop of Astana

Mgr Athanasius Schneider, Auxiliary Bishop of Astana


Mgr. Carlo Maria Viganò, Archbishop, Apostolic Nuncio

Mgr Jan Pawel Lenga, Archbishop emeritus of Karaganda

Mgr Rene Henry Gracida, Bishop emeritus of Corpus Christi

Mgr Andreas Laun, Auxiliary Bishop of Salzburg

Father Serafino Lanzetta, Theologian

Father Alfredo Maria Morselli, Theologian

Father Curzio Nitoglia, Theologian

JOURNALISTS, EDITORS, WRITERS

Dr Aldo Maria Valli, journalist

Dr Magdi Cristiano Allam, writer

Dr Giulio Meotti, journalist

Dr Marco Tosatti, journalist

Claudio Messora, director Byoblu.com

Dr Robert Moynihan, writer, journalist

Dr Jeanne Smits, journalist

Dr Olivier Figueras, journalist

Dr Cesare Sacchetti, journalist

Prof. Giorgio Nicolini, director of Tele Maria

Michael J. Matt, editor The Remnant

John-Henry Westen, co-founder, editor-in-chief LifeSiteNews.com

Vittoria Alliata di Villafranca, journalist and writer

Maria Guarini, editor

Prof. Francesco Lamendola

António Carlos de Azeredo, editor

José Narciso Pinto Soares, editorial counselor

Dr Massimo Rodolfi

Riccardo Zenobi, writer

Danilo Quinto, writer

Olivier Valette, writer

DOCTORS, IMMUNOLOGISTS, VIROLOGISTS, RESEARCHERS

Dr Stefano Montanari, scientific director Nanodiagnostics laboratory, Modena

Dr Antonietta Gatti, research manager, Nanodiagnostics laboratory, Modena

Prof. Alessandro Meluzzi, psychiatrist

Dr Anna Rita Iannetti, doctor, PNEI and biointegrated medicine

Dr Fabrizio Giudici, orthopedic traumatologist

Dr Rosa Maria Roccaforte, cardiologist

Dr Silvana De Mari, doctor

Dr Maria Grazia Sordi, psychologist

Dr Roberto Marrocchesi, nutritionist

Dr Mario Sinisi

Dr Antonio Marcantonio

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Dr Angelo Giorgianni, judge

João Freire de Andrade, jurist

Lawyer Francesco Fontana

Lawyer Luigi Valenzise

Lawyer Fabio Candalino

Lawyer Luca Di Fazio

Lawyer Massimo Meridio

Dr Lawyer Gianni T. Battisti

Lawyer Piero Peracchio

Lawyer Paola Bragazzi

Lawyer Luís Freire de Andrade

Lawyer Heitor A. Buchaul

Lawyer Maître Olivier Bonnet

LECTORS, TEACHERS AND PROFESSIONALS

Hon. Prof. Vittorio Sgarbi, art critic, essayist

Prof. Matteo D’Amico

Prof.ssa Mafalda Miranda Barbosa

Prof. Francesca Maimone

Prof. Martino Mora, philosopher

Prof. Massimo Viglione, historian and essayist

Prof. Elisabetta Sala, teacher and writer

Dr Ing. Alessandro Peracchio

Dr Luca Scantamburlo

Prof. Rosa Maria Bellarmino

Steven Mosher, president Population Research Institute

Prof. Emeterio Ferrés Arrospide, Coimbra University

Prof. Ibsen Noronha

Prof. ing. Amadeu Teixeira Fernandes, Georgetown University

Dr José Filipe Sepúlveda da Fonseca

Dr Alfonso Martone, CNR Italy

Dr Luís Ferrand d’Almeida

Ing. Roberto Imparato

ASSOCIATIONS

Atman Association – President Manuela Baccin

Riprendiamoci Il Pianeta Association – President Magda Piacentini

Movimento 3V – Vaccini Vogliamo Verità – Secretary Luca Teodori

Libera Scelta Association – President Alessandra Bocchi

Iustitia in Veritate Association- Directors

Una Vox Association – President Calogero Cammarata

Comitato Famiglia e Vita – President Franco Rebecchi

Confederazione dei Triarii

AURET, Autismo, Ricerca e Terapie – President Lawyer Roberto Mastalia

Vita al Microscopio Association – President Nino Ferri

Texas Right to Life – Jim Graham

Cleveland Right to Life – Molly Smith

domingo, 3 de mayo de 2020

Así nos manipulan los medios de "comunicación"

Así es como nos manipulan los medios de "comunicación", en este caso para que creamos que somos unos irresponsables con el "desconfinamiento" por no guardar la distancia de seguridad, como puede verse en una foto donde aparecen unas 30 personas en una acera que parece no tener más de... ¿100 metros ó 2 kilómetros? ¡¡Juzguen ustedes!!


lunes, 30 de marzo de 2020

Unas reflexiones en voz alta sobre el coronavirus

Después de una temporada saturado de trabajo y sin tiempo para actualizar mi blog, aprovecho estos días de obligado encierro para compartir con vosotros un vídeo con unas reflexiones en voz alta sobre lo que está pasando con el coronavirus, las distintas teorías que hay sobre el tema, las medidas que han adoptado distintos gobiernos, etc.

Espero que os parezcan interesantes.

Un saludo a todos y ¡cuidaos!

https://youtu.be/YbIGr-qKEfI

martes, 7 de mayo de 2019

Elecciones en España: más de lo mismo


El sindicato italiano UGL me pidió hace unos días que les escribiera un artículo sobre las pasadas elecciones generales en España, teniendo la gentileza de publicarlo en su blog oficial hoy mismo.

Agradezco especialmente a Stefano Conti (Secretario General de UGL-Telecomunicazioni) su interés en recabar mi opinión sobre el tema.


Este es el artículo en español:


Elecciones en España: más de lo mismo


Jorge Garrido San Román
(Presidente del sindicato “Unión Nacional de Trabajadores”)


El pasado 28 de abril se celebraron elecciones generales en España, obteniendo el PSOE (“Partido Socialista Obrero Español”, de izquierda socialdemócrata) una mayoría simple que le hará imposible gobernar en solitario (necesitará apoyos parlamentarios para poder aprobar cualquier ley). El PP (“Partido Popular”, de centro-derecha liberal) obtuvo los peores resultados de su historia, manteniendo por muy poco el segundo puesto entre los partidos más votados, seguido muy de cerca por C´s (“Ciudadanos”, de centro liberal). La extrema izquierda de UP (“Unidas Podemos”, post comunista) bajó notablemente, y muy cerca de ellos se quedó un nuevo partido, VOX (derecha conservadora en lo ético-moral y neoliberal en lo económico y social), que entró en el Congreso de los Diputados como quinto partido más votado. Muy por debajo, pero con una importancia decisiva porque sus votos son imprescindibles para gobernar, se situaron diversos partidos separatistas de diversas tendencias.

El panorama es desolador y supone más de lo mismo: el PSOE sólo podrá gobernar contando con UP y los separatistas, pues resulta improbable que lo haga con C´s por su programa económico liberal y contrario a los separatistas que tanto han apoyado al PSOE en la anterior legislatura.

De los cinco partidos políticos más votados, el que más atención merece no es otro que el menos votado de todos ellos, pero que es el más novedoso porque acaba de entrar en las instituciones con una fuerza (24 diputados) que merece ser tenida en cuenta: VOX. Se trata de una escisión producida en 2013 de la parte más conservadora del PP que, necesitada de encontrar su propio espacio político, ha desarrollado un mensaje calculadamente ambiguo en muchos aspectos a fin de sumar apoyos en sectores abandonados por el PP. Así, por ejemplo, su aparente firmeza frente a la Unión Europea, con constantes apelaciones a la soberanía nacional, busca el voto de los sectores “euroescépticos” y anti globalistas, pero en realidad se trata sólo de mera retórica, pues en su programa político lo único que se critica es el escaso peso de España en los órganos de decisión de la UE y la vuelta al reparto de poder del Tratado de Niza (nada de criticar el propio modelo de UE o el Euro). A la misma conclusión se llega si se analiza su posición sobre el aborto: tras su aparente defensa firme de la vida sólo hay una crítica a la última reforma que permite el aborto libre como un derecho dentro de unos plazos, pero no hay una propuesta de prohibición del aborto, sino sólo que se vuelva a la ley anterior de supuestos de despenalización del aborto que aprobó el PSOE en 1985. Y así con todo: detrás de su llamativa propaganda alternativa, en realidad VOX se diferencia muy poco de las tradicionales posturas del PP anterior a Mariano Rajoy, y  de hecho su programa económico y social es muy liberal, (incluso más que el del PP, pues VOX defiende la idea del “Estado mínimo”, con la progresiva privatización de los servicios públicos –sanidad, educación, pensiones, etc.–, la reducción de impuestos –especialmente a las rentas más altas–, la destrucción del derecho laboral –con su propuesta de dar prioridad a la libertad individual de contratación en base al derecho civil, el derecho a no sujetarse a los convenios colectivos, la eliminación del salario mínimo para los jóvenes, la reducción de las indemnizaciones por despido, etc.–). Lo mismo podemos ver en su crítica a la inmigración: VOX sólo propone expulsar a los inmigrantes ilegales o delincuentes –algo que no es especialmente “radical”–, y para llamar la atención propone construir sendos muros –al estilo de Donald Trump– en las fronteras de Ceuta y Melilla (donde incluso el PSOE ha propuesto algo similar…), pero al mismo tiempo propone que las empresas puedan disponer legalmente de la mano de obra extranjera que necesiten, aunque haya millones de españoles desempleados... Es decir, que VOX no es más que una escisión moderadamente conservadora de un PP que ha girado excesivamente al centro abandonando la derecha tradicional, y aunque su retórica y propaganda esté enfocada a enlazar con la “derecha alternativa”, la línea que siguen es más bien la de un “trumpismo” moderado (de hecho cuentan con el apoyo del ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon, y su grupo “The Movement”, gracias a los contactos del dirigente de VOX Rafael Bardají, que es uno de los principales representantes del lobby judío en España), lo que les sitúa más en la línea de los conservadores del “Grupo de Visegrado” que en la de los grupos social-patriotas. De hecho el Presidente de VOX, Santiago Abascal, siempre ha dicho que está “más cerca del húngaro Viktor Orbán” que de Matteo Salvini o Marine Le Pen (entrevista en “El Mundo” el 14-X-2018), lo cual es comprensible a tenor de su nulo sentido social (en realidad ultraliberal y antisocial).

Centrándonos en los programas electorales en materia social y laboral de los distintos partidos, es fácil comprobar que en España se produce un fenómeno que casi puede medirse con exactitud matemática: cuanto mayor proporción hay de mensaje patriótico y de carácter ético-moral (aborto, eutanasia, etc.) en un partido político, mayor es también su mensaje liberal y antisocial en materia laboral; y viceversa: cuanto más acentuado es el mensaje social de un partido, mayor es su mensaje antinacional y transgresor en materias ético-morales. Esta regla (que en otros países es más flexible, existiendo izquierdas nacionales y derechas sociales, algo impensable en España) se cumple de una manera tan exacta, que los escasos movimientos políticos que escapan de ese círculo vicioso (por ejemplo, la Falange o la nueva coalición euroescéptica “ADÑ” que se presenta por vez primera en las próximas elecciones al Parlamento Europeo), tratando de unir el mensaje patriótico y ético-moral al mensaje social, tienen un espacio político bastante reducido, con resultados electorales hasta ahora escasos, a pesar de ser muy grande la potencialidad que teóricamente tiene ese mensaje social-patriota.

Pero más allá de este fenómeno tan específicamente español (una izquierda siempre antinacional y una derecha siempre antisocial), también se padecen fuertemente los problemas de ámbito mundial, y así vemos cómo en las últimas cuatro décadas las condiciones laborales se han ido degradando progresivamente de forma dramática, volviendo poco a poco a condiciones cada vez más parecidas a las del Siglo XIX: salarios de miseria (que se consiguen bajo amenazas de deslocalización e importando inmigrantes que acepten salarios menores), necesidad de trabajar más horas (incluso sin cobrarlas), recortes sociales, pensiones más bajas, edad de jubilación cada vez más tardía, jóvenes –y mayores– con contratos precarios, despidos más fáciles con indemnizaciones cada vez menores, mayor inseguridad laboral, etc.

El retroceso social que se sufre en España se debe a la combinación de varios factores que pueden resumirse en tres: la crisis del capitalismo (que obliga a mantener tasas de crecimiento constantes que, al no ser sostenibles, terminan por lograrse a costa de los trabajadores), la globalización (se buscan mercados más globales por la progresiva insuficiencia de los mercados locales y nacionales para mantener las tasas de ganancia), y la tecnología de la era digital (que en la actual fase de la economía capitalista ya no se limita a reubicar trabajadores de los sectores primario y secundario al terciario, sino que por primera vez está destruyendo empleo neto).

Mientras que en el siglo XIX los capitalistas utilizaban el Estado para proteger sus negocios y la policía para reprimir a los trabajadores que reclamaban derechos laborales, hoy para ellos el Estado ha pasado a ser un obstáculo y prefieren la existencia de un mercado mundial digitalizado y sin barreras de ningún tipo. Es decir, hoy vivimos en la era del capitalismo digital global, por lo que ahora el Estado y las fronteras han pasado a ser las últimas defensas que nos quedan a los trabajadores para defendernos de las deslocalizaciones, la competencia desleal y la pérdida de derechos laborales y sociales. Por eso los trabajadores necesitamos una patria para defendernos del capitalismo global, recuperando nuestra Soberanía Nacional y garantizando nuestros derechos laborales y sociales, mientras que los capitalistas ya no quieren patrias y prefieren mercados globales, tratados de libre comercio, espacios económicos como la Unión Europea y monedas no soberanas como el Euro que ellos puedan controlar y que se impongan a las naciones. Ellos han secuestrado la Patria mediante los políticos que tienen comprados, y por eso los trabajadores necesitamos liberarla y hacerla nuestra para defender nuestros derechos sociales y proteger nuestros mercados locales para garantizar nuestros empleos.

Este es el contexto en el que se han celebrado las pasadas elecciones generales en las que, como siempre, ha perdido España y perdemos con ella todos los trabajadores españoles, atrapados como nos tienen entre la dialéctica de una izquierda antinacional y una derecha antisocial. Si lo social y lo nacional no van unidos, lo que se nos ofrece es pura y simplemente una estafa, y eso es justamente lo que han ofrecido todos los grandes partidos políticos españoles sin excepción.

Ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo, desde el sindicato UNT (Unión Nacional de Trabajadores) se ha lanzado un mensaje claro a los trabajadores españoles: debemos apoyar sólo a candidaturas que expresa y claramente rechacen el actual modelo de Unión Europea (tan contrario a los intereses de los trabajadores), y que quieran acabar con el Euro (una moneda que está perjudicando a España, a Italia y a casi todos los países europeos, salvo a Alemania y a Holanda, como demuestran los estudios económicos más serios). No se trata de ser anti europeos, sino de construir una Europa distinta, respetuosa con la soberanía de los pueblos y con los derechos de los trabajadores.

Por desgracia, tanto los partidos políticos mayoritarios como los pseudo sindicatos institucionalizados están eludiendo este debate fundamental porque siguen anclados en la mentalidad del Siglo XX y no entienden los retos que plantea el Siglo XXI a los trabajadores. Son incapaces de ver el problema (cuando no son directamente parte del mismo) y, por ello, son más incapaces aún de ofrecer soluciones y alternativas.

Desde UNT consideramos que la lucha social-patriota pasa necesariamente por dar prioridad a la lucha por Justicia Social integrándola en la lucha patriótica con la necesaria recuperación de nuestra Soberanía Nacional, socializando (ni estatalizando –como propone la izquierda– ni privatizando –como propone la derecha liberal–) los servicios sociales, relocalizando los sectores productivos, fomentando los mercados de proximidad, frenando las “economías de escala” que hunden los mercados y construyendo una economía que esté al servicio del hombre y no al revés. Propuestas todas que están muy lejos de las que defienden los principales partidos políticos y sindicatos españoles…