lunes, 24 de marzo de 2025

¿Puede haber contradicciones en el Magisterio de la Iglesia?

En un debate reciente alguien me dijo que las críticas de Monseñor Lefebvre y su Hermandad Sacerdotal de San Pío X al Magisterio de los últimos papas desde el Concilio Vaticano II eran "opiniones subjetivas" que no entendían que el Magisterio de la Iglesia es algo "vivo". Se trata de una crítica tan frecuente, que me pareció necesario hacer un estudio profundo del tema. Estoy en ello desde hace dos meses (la falta de tiempo no me permite ir más deprisa), pero creo oportuno reproducir mi primera y sencilla respuesta, ya que creo que puede aclarar con bastante sencillez el asunto:


El Magisterio de la Iglesia es "vivo", pero no "evolutivo". Es decir, siempre se va perfeccionando, profundiza en los temas, aplica los criterios de siempre a nuevas realidades, etc. Eso es el Magisterio "vivo". Lo que no hace es evolucionar, cambiar, de forma que algo que antes era pecado ahora deja de serlo. Eso no es posible porque sería tanto como decir que la Iglesia antes falló... No se trata de hacer valoraciones subjetivas, sino de aplicar el Magisterio de siempre, sin interpretar nada. Le pongo un ejemplo sencillo, con dos citas textuales, sin ninguna valoración, y Vd. verá si honestamente son compatibles:


"... Con cuya idea totalmente falsa del gobierno social, no temen fomentar aquella errónea opinión sumamente funesta a la Iglesia católica y a la salud de las almas llamada delirio por Nuestro Predecesor Gregorio XVI de gloriosa memoria (en la misma Encíclica "Mirari vos"), a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida; y que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impresos, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil.» Pero cuando esto afirman temerariamente, no piensan ni consideran que predican la libertad de la perdición (San Agustín, Epístola 105 al. 166), y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2, edición Vall)." ("Quanta cura", 8)


"Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil." ("Dignitatis Humanae", nº 2)


¿De verdad hace falta hacer alguna interpretación "subjetiva" para deducir que ambas tesis son absolutamente incompatibles? Al contrario, creo que basta con tener una comprensión lectora de nivel elemental para darse cuenta de que el primer texto y el segundo defienden doctrinas distintas sobre la libertad de conciencia y de religión. Decir que el segundo texto está en perfecta continuidad con el primero es engañarse y engañar.

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